Se denominan micromachismos a las prácticas de dominación masculina en la vida cotidiana, del orden de lo “micro”, es decir, en lo casi imperceptible.

Algunos micromachismos son conscientes y otros se realizan con la perfecta inocencia de lo inconsciente.

Los micromachismos encubiertos son los que atentan de modo más eficaz contra la simetría racional y la autonomía femenina por su índole insidiosa y sutil.

En los micromachismos encubiertos el objetivo es el dominio. Impiden el pensamiento y la acción eficaz de la mujer, y la llevan a hacer lo que no quieren.

  • Maternalización de la mujer: Consiste en pedir, fomentar o crear condiciones para que la mujer priorice sus conductas de cuidado incondicional; en promover que ella no tenga en cuenta su propio desarrollo laboral; o en acoplarse a su deseo de tener un hijo prometiendo ser un buen padre y desentenderse luego del cuidado de la criatura.
  • Maniobras de explotación emocional: Se aprovechan de la dependencia afectiva de la mujer y su necesidad de aprobación para promover en ella dudas sobre sí misma, sentimientos negativos y, por lo tanto, más dependencia.
  • Culpación del placer: La mujer sufre un sentimiento de culpa a causa del placer que siente con otras personas o en situaciones donde él no está.
  • Elección forzosa: Son maniobras del tipo “si no haces esto por mí es que no me quieres”.
  • Enfurruñamiento: Es una acusación culposa no verbal frente a acciones que no le gustan al varón, pero a las cuales no se puede oponer con argumentos racionales.
  • Maniobras de desautorización: Conducen a convertir en inferior a la mujer a través de un sinnúmero de descalificaciones. Entre ellas:
  • Redefinición, como negativas, de cualidades o cambios positivos de la mujer.
  • Contacto con terceras personas con las que la mujer tiene vínculos afectivos.
  • Descalificación de cualquier transgresión del rol tradicional.
  • Terrorismo. Se trata de comentarios descalificadores repentinos, sorpresivos.
  • Paternalismo. En este tipo se enmarca el carácter posesivo y a veces el autoritarismo del varón.
  • Creación de falta de intimidad. Actitudes activas de alejamiento que bloquean la satisfacción de las necesidades relacionales de la mujer y evitar la intimidad que para el varón supone riesgo de perder poder y quedar a merced de la mujer.
  • Negación del reconocimiento.
  • Silencio. Renuncia a hablar o a hablar de sí, con efectos misteriosos, como: encerrarse en sí mismo, no contestar, no preguntar, no escuchar…
  • Negación a la mujer de si derecho a ser cuidada. Al mismo tiempo se le impone el deber de ser cuidadora
  • Engaños. Se desfigura la realidad al ocultar lo que no conviene que la mujer sepa.
  • Autoindulgencia sobre la propia conducta perjudicial. Hacer callar apelando a “otras razones” y eludiendo la responsabilidad de la acción: Entre otras: Hacerse el tonto o comparación ventajosa (se apela a que hay otros varones peores).

Deja un comentario