Síntomas y actitudes
La característica esencial del trastorno de la personalidad límite es un patrón general de inestabilidad de las relaciones interpersonales, la autoimagen y los afectos, y una notable impulsividad que comienza antes de la edad adulta y está presente en una variedad de contextos.
Síntomas
1. Esfuerzos desesperados por evitar el desamparo real o imaginado.
2. Patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas que se caracteriza por una alternancia entre los extremos de idealización y de devaluación.
3. Alteración de la identidad: inestabilidad intensa y persistente de la autoimagen y del sentido del yo.
4. Impulsividad en dos o más áreas que son potencialmente autolesivas (ej: gastos, sexo, drogas, conducción temeraria, atracones alimentarios…)
5. Comportamiento, actitud o amenazas recurrentes de suicido, o conductas autolesivas.
6. Inestabilidad afectiva debida a una reactividad notable del estado de ánimo (ej: episodios intensos de disforia, irritabilidad o ansiedad que generalmente duran unas horas y, rara vez, más de unos días).
7. Sensación crónica de vacío.
8. Enfado inapropiado e intenso, o dificultad para controlar la ira (ej: exhibición frecuente de genio, enfado constante, peleas físicas recurrentes).
9. Ideas paranoides transitorias relacionadas con el estrés o síntomas disociativos graves.
Actitudes durante la terapia
En cuanto al paciente:
La naturaleza cambiante del propio trastorno se manifiesta claramente en la terapia también. Dado que en ocasiones el paciente puede mostrarse eufórico por los cambios y logros que va consiguiendo, así como sufrir un repentino desasosiego por ello. Es por esto que el profesional debe estar atento a esos síntomas.
En cuanto a los familiares:
Nos solemos encontrar con tres formas típicas de actuar.
- Los que siguen pautas y colaboran (agilizando así la mejoría de la persona)
- Los que esperan a que “les quiten el problema” o “las tonterías de la cabeza” e intentan mantenerse al margen.
- Los que permanecen críticos a cualquier cambio y temen perder su papel de cuidadores.