Todos los seres humanos, desde que nacemos, necesitamos contar con personas que nos cuiden y nos proporcionen cuidados. Estas personas, generalmente serán nuestros padres, con los que crearemos una relación que será el vínculo de apego.
El bebé ha compartido los meses de gestación con la mamá, y es capaz de reconocerla por la voz, el olor, el latido del corazón… Por lo tanto, suele ser la primera persona con la que se vincula, ya que es la que reconoce como hogar.
En función de cómo los papás respondan a las necesidades y demandas del niño o niña (hambre, sueño, llanto…) se creará un vínculo entre ellos, un estilo de apego. Este apego puede ser de distintos tipos:
- Apego Seguro. Será seguro cuando los papás estén disponibles y respondan a las necesidades del niño/a. Un niño/a con apego seguro buscará el cuidado, la cercanía y la protección de los papás en situaciones estresantes o peligrosas para él. También expresará malestar cuando esté separado de ellos, pero a la vez, se podrá calmar con facilidad. Cuando el apego es de este tipo, el niño/a se puede sentir seguro para jugar con confianza y seguridad, porque sentirá que los papás estarán ahí cuando los necesite.
- Apego Inseguro. Será inseguro cuando el niño o niña recibe poca cercanía de sus papás, o cuando el cuidado no es continuo (a veces sí respondo a tus necesidades, pero otras veces no). Papás que se muestran poco disponibles. Esto provocará que el niño/a muestre mucho malestar cuando se separa de ellos y sea difícil de calmar. También puede ocurrir que no muestre nada de malestar ante la separación.
Los niños y niñas necesitan sentir seguridad con sus padres, necesitan sentir que no se van a ir, que van a estar ahí cuando los necesiten, no solo de una forma física, sino también afectivamente (con cariño, escuchándolos, prestando atención a sus emociones…)
Esta primera relación de apego de los niños/as con sus padres, influirá a lo largo de su vida en las futuras relaciones.
Cristina Domínguez Barcala
Psicóloga colaboradora del Gabinete Psicología y +