La esquizofrenia, esa enfermedad a la que le solemos temer, suele producir delirios y alucinaciones. Pierden el sentido de la realidad y en ocasiones escuchan voces o ven cosas que en realidad no existen en ese momento. 21 millones de personas tienen esquizofrenia.

La gran mayoría de las personas con esquizofrenia viven en casa con su familia, bien con sus padres o con sus parejas, pero casi siempre acompañado.

Dentro de cada familia, las relaciones y la forma de comunicarse son distinta. Puede haber familias que muestren un gran apoyo a la persona con esquizofrenia, como por ejemplo ayudando económicamente, llevándolos al médico, apoyándolos emocionalmente…

También hay otras familias que muestran poca compresión.

Estas diferentes actitudes familiares se conocen como “emoción expresada”.

Algo curioso es que cuando la familia expresa comentarios hirientes como por ejemplo “nunca recoges la mesa” o “eres un inútil” y cuando lo sobreprotegen, como al no dejarle hacer ninguna tarea de la casa y haciéndolo todo por ellos, la esquizofrenia empeorará.

Tendrá más probabilidades de volver a ser ingresado en el hospital, de acudir a urgencias o de tener más delirios y alucinaciones…

Sin embargo, cuanta más comprensión, cariño y comentarios positivos como “estoy orgulloso de ti, eres muy valiente” exprese, las recaídas serán menos y, además, su forma de comportarse y su calidad de vida mejorará.

Como vemos, algo que no forma parte de la propia esquizofrenia, como son las actitudes de su familia, tiene mucho que ver con cómo evolucione.

Con todo esto no queremos juzgar ni culpabilizar a la familia sobre su enfermedad. La familia también sufre. Muchas veces, al no tener suficiente información, es complicado saber cómo actuar. Lo que queremos es mostrar que al expresar comprensión y afecto y al no realizar comentarios críticos ni sobreproteger al familiar, ambos vivirán mejor.

Por eso, la forma en la que nos comunicamos es muy importante, no solo con las personas que tienen esquizofrenia, si no con nuestros seres queridos: con nuestros hijos, con nuestros padres, nuestra pareja, los amigos, alumnos, profesores…

Sentirnos queridos y escuchados es muy importante para todos.

Sandra Caseiro López

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