“Siento que mi hijo Guille, de 16 años, me evita. Hay momentos en los que me aparta, se distancia… Es como si pusiese un muro alrededor suyo y no me deja entrar. De niño me contaba cosas del colegio, de sus amigos… pero ahora ya no lo hace. Supongo que es mayor y ya no me necesita”

Seguro que vosotros, los padres, recordáis las noches durmiendo poco y mal porque vuestro bebé lloraba… Lo escuchabais e intentabais adivinar lo que vuestro hijo necesitaba. Probabais a darle de comer por si tenía hambre, a cambiarle el pañal o a ayudarle a expulsar gases, hasta que se calmaba.

Cuando eran bebés, los hijos lloraban para pedir cuidados. Vosotros escuchabais ese llanto y cubríais sus necesidades.

Ahora los adolescentes no lloran para pedir ayuda. Tampoco la piden, ni la verbalizan, incluso os pueden llegar a rechazar, pero eso no significa que no la necesiten. Eso no significa que no os necesiten.

En ocasiones, cuando los adolescentes crean distancia con los padres, y crean un muro, es un indicador de que hay lágrimas en su interior. Es bueno que lo veamos como un llanto silencioso que, como adultos, tenemos que escuchar. Tenemos que ver.

Y ahora quizás os preguntéis, “mi hijo ya no es un bebé, ya es mayor, ¿por qué no pide lo que necesita?”

La adolescencia es una etapa de cambio, de desarrollo, y, por lo tanto, una etapa confusa. Ya no son niños y tampoco son, todavía, adultos.

¿Qué se supone que son? Ellos mismos también se lo plantean.

Seguro que los adolescentes han escuchado frases como “ya no eres un niño”, “ya eres mayor…”. Probablemente, ellos mismos crean que no pueden necesitar a sus padres. Que se las tienen que arreglar ellos solos. Están probando, por lo tanto, nuevos roles.

Cuando esto ocurre, debemos ver más allá del muro que han construido para protegerse. Debemos escuchar su llanto.

Es importante que no reaccionemos ante lo mal que esas conductas nos pueden hacen sentir, y que actuemos para ayudarlos.

Los adolescentes siguen necesitando a sus figuras de apego. Os siguen necesitando.

Interesaros por sus aficiones, por sus intereses. Cread espacios para hablar con vuestro hijo, y repetidle que estáis ahí para escucharle, que estáis ahí para todo lo que necesite. Decidle lo importante que es para vosotros, y que no lo vais a juzgar os diga lo que os diga.

Todo esto ayudará a que cuenten con vosotros y a que confíen. No lo harán el primer día, si no que será poco a poco.

Es nuestra responsabilidad, como padres, como adultos, crear un clima agradable, de confianza y de aceptación incondicional para que nuestros adolescentes, llegado el momento, nos dejen traspasar un poquito el muro que han construido.

Así podréis ayudarlos a protegerse, y a desarrollarse, permaneciendo en su equipo. Ellos os quieren en su equipo.

Comparto con vosotros, padres y madres, algunas de mis reflexiones del pequeño gran libro Cómo abrazar a un erizo (Brad Wilcox y Jerrick Robbins), para que sean de ayuda.

Sandra Caseiro López, Psicóloga colaboradora del Gabinete Psicología y +

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